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Sunday, 23 March 2014

Marketing a través de WhatsApp: molestan las formas

Posted by techblown
Pedir permiso es de personas bien educadas, y más cuando este permiso lo solicitas porque te estás embarcando en algo que puede molestar a la persona a quien se lo pides (y por eso lo haces).
Se han perdido las formas. O, por lo menos, eso pensé el otro día cuando recibí un mensaje a través de WhatsApp correspondiente a un grupo en el cual me habían incluido sin solicitarme permiso explícito para ello, y correspondiente a los mensajes publicitarios de un local de ocio nocturno de la ciudad en la que resido.
No ha sido la primera vez que me encuentro con esta misma situación, y temo que tampoco va a ser la última; empresas y particulares que quieren dar a conocer algo le han encontrado las ventajas a una forma de comunicación rápida, eficaz, low cost y altamente interactiva, por lo que están portando sus iniciativas a este servicio de mensajería instantánea.
Ningún problema en que se utilice WhatsApp como medio publicitario, la cuestión es las formas al hacerlo.
Utilizo WhatsApp tanto profesional como personalmente, y creo que la mayoría de nosotros lo hacemos así. A través de él, contactamos con nuestros seres queridos, amigos, compañeros de trabajo, jefes o clientes. Es un sistema directo, sin intermediarios y que nos permite tanto una comunicación síncrona como asíncrona, con el lastre de que es únicamente textual y puede llegar a convertirse en pesada si tenemos que trabajar mucho con las pequeñas pantallas táctiles de nuestros móviles.
Por lo tanto, me molesta sobremanera que en una herramienta a través de la cual me pongo en contacto con aquellas personas con las que necesito o quiero estar comunicado, me vea de golpe asaltado por mensajes tipo “tal día hará un monólogo tal artista y va a costar tanto la entrada”, más si no me han pedido permiso para ello.
WhatsApp puede resultar una herramienta tremendamente cómoda para todos, tanto para el personal de marketing como para quien recibe el mensaje pero, eso sí, es suficientemente intrusiva como para tener que pedir permiso antes de utilizarla, algo que a día de hoy no se está haciendo en la mayoría de los casos.
Pero es que, además, los primeros afectados por esta falta de tacto son los propios impulsores de la iniciativa de marketing, ya que de solicitar permiso pueden recibir un no por respuesta sin perder al cliente, pero en caso de agregarlos involuntariamente pueden recibir un portazo en la cara y acabar perdiendo el mismo cliente.
En mi caso, este local de ocio nocturno no solamente no ha conseguido que vaya a ver el espectáculo que organizaban si no que, además, no voy a ir por allí al menos en una buena temporada. Sinceramente, me molestó lo sucedido, y ya venía de algunos casos anteriores muy similares.

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